domingo, 18 de octubre de 2009

Plegaria nº1

Oh, diosa!
Desde mi humildad,
desde mi pequeñez,
te rindo culto en cuerpo y alma.

El dolor es para mí una bendición
si me lo inflinges tú.
La espera, la impaciencia,
fortalecen mi débil espíritu.

Que siga la tortura,
que no cese el sufrimiento.
Que mi sacrificio corporal
te haga más grande.

Que, de entre todas tus acólitas,
tenga a la diosa a mi favor.
Que no me olvides, mi diosa.
Que tu gracia de tu fusta
sea concedida de nuevo
para tu fiel Violeta.
A tus pies me arrastro
azotada, desnuda.

Y pensar que...

Yo la ví.
Yo la busqué.
Yo hice lo posible por conocerla.
Ahora, me agarra del cuello.
Me pone una mordaza.
Me ata las manos a la espalda.
Me saca las tetas por encima del vestido.
Se chupa la mano y la pasa por mi coño.
Me tira de los pelos.
Me lanza a la cama, de golpe.
Pone una rodilla en mi esternón
y prueba a meterme un dedo en el coño.
Juega con el dedo.
Me insulta.
Me dice todo lo que me va a hacer.
Me da golpecitos en el clítoris.
Me incorpora.
Me lanza de nuevo.
Se ríe.
Me escupe.
Se desahoga dentro de mí.

Yo la ví por la calle. Era una diosa.
Yo la busqué.
Yo la seguí hasta que desperté su curiosidad.
Y ahora abusa de mí cuanto quiere.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La segunda parte

Ahora que creo que los he vaciado
me tumbo entre ellos con las piernas abiertas,
tocándome.
Sólo les pido que cumplan lo prometido.
Me revuelco y gimo.
Tal vez con hombres de verdad
hubiera funcionado.
Me voy a casa.
De camino hago una llamada.
Cuando bajo del taxi, ahí está Juan Pablo,
siempre en forma, siempre dispuesto.

lunes, 12 de octubre de 2009

El bonguista

La hoguera de la playa
todavía echa humo.
Un par de piernas bajan la escalera.
Esta noche dormí caliente.
Los brazos del percusionista
eran fuertes, fibrosos.
Me invitó a una manzana pecadora
y a un cigarro de liar.
Sólo tuve que obligarle a ducharse.
Me lo dio todo.
Me dio un concierto,
un akelarre en la playa,
también hicimos música
y bailes entre sábanas.
Cuando calló rendido,
me fuí a escribir al salón.
Con ése insomnio caliente mío.
Ahora, repuesto,
tiene más ritmos que enseñarme.

sábado, 10 de octubre de 2009

La farmacéutica

La señora me abre la puerta desde el mostrador.
Al verme entrar, rebusca en la estantería
y saca una caja de preservativos.
¿De veinticuatro, no?
Pues no, señora, hoy no.
Hoy quiero algo para la alergia, que no paro de estornudar.
Ah, es que como siempre compras preservativos.
Y se pone a buscar una caja de ebastina.
Es que ya no se venden preservativos.
¿Estás bien, te van bien las cosas?
Señora, a usted ¿qué le importa?
Es que ya no tienes amigo, ¿no?
Pero oiga...
Hay un chico que antes también venía mucho
y ahora no compra preservativos, casi.
Si quieres, te lo presento...
Señora, los farmacéuticos son comos los curas y los quiosqueros.
Y debe ud. guardar el secreto de confesión.
Y sólo quiero un antihistamínico,
y no quiero que me presente a nadie de este barrio,
que están todos locos.
Sí, ya me han contado lo que le hiciste
al hijo de la Amparo...

viernes, 9 de octubre de 2009

Primeras horas.

A esperar...
.
.
.
.
¿Cuánto tiempo ha pasado?
.
.
.
.
El dolor de brazos
me hace desear no haber venido.
.
.
En cualquier momento entrarán.
Uno de los señores que me invitaron,
en cualquier momento...
Me duelen los brazos.
.
.
.
.
¿Cuánto tiempo llevo atada?
Podría ser un día entero
o veinte minutos.
Me duelen mucho los brazos.
Vendrá uno y se arrodillará delante mío
me lamerá entera y me tomará.
Cuando se esté vistiendo,
llegará otro.
A lo mejor no llegan a coincidir.
Pero no me enfriaré entre visita y visita.
Me humedezco al pensarlo.
Estoy totalmente caliente.
Tengo ganas de que todo empiece.
.
.
.
.
Tengo hambre.
Ha debido pasar ya bastante tiempo.
En cualquier momento entrarán
y me reventarán.

Eres

Te espero con el collar de perro,
limpia, descansada, preparada.

Tu guardaespaldas esperará en el coche.
Te abriré la puerta y me agarrarás el cuello.

Sé lo que vendrá después.
Sé que me volverás a hacer llorar,
que pasaré mucho rato a cuatro patas,
que desearé que llegue el día,
que me humillarás y vejarás sin descanso,
que me abandonarás cuando tú quieras,
que me dolerá el cuerpo un par de días...
Pero no puedo evitar estar excitada.
Eres lo que necesito,
maldita puerca.