miércoles, 21 de octubre de 2009

A Emilia

Querida Emi:
Te escribo para contarte todo lo que tu sobrino pasará por alto.
Está claro que le dirá a tu hermana muy poquito de su verdadera vida en la ciudad.
Parece ser que sí que está yendo a clase, que la chapa que le pegamos en verano ha funcionado.
De vez en cuando le llevo alguna fruta a su casa y le obligo a comerla delante mío. Una rápida inspección visual a su armario y llegas a la conclusión de que sólo come pasta y fuma porros. La casa la tienen como si fuera Beirut. En fin, cosas de piso de estudiantes, tú ya sabes.
El otro día salí con él y sus compañeros de clase. Lo pasamos en grande y acabamos a las tantas.
Intentamos follar, por supuesto, pero nos acordábamos de sus fiestas de cumpleaños cuando era chiquitito y nos daba la risa. Así que contamos batallitas, en las que casi siempre salías malparada, y nos fuimos a la cama a dormir.
En lo que es incontestable es en el número de amigos que tiene.Todos jóvenes y fuertes efebos. Ya he probado un par de ellos. Bonitos, aunque nada excepcional. De todas formas, no descarto darles otra oportunidad.
Sin embargo, gracias a eso, el otro día conocí al hermano de uno de ellos, un tal Román.
Me fui a su casa y me demostró muy buenas maneras. Puede que me lo quede durante algún tiempo y lo moldee a mi capricho. Aún no lo he decidido. Espera, parece que despierta. Voy a darle una ración de Violeta.
Pues eso. A ver cuándo te pasas y la montamos bien gorda.
Un beso.

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